Desde principio de 2020 todos los países están sufriendo la aparición del coronavirus SARS-CoV-2, también conocido como Covid-19. Es un virus con forma caracterísitica de corona de la familia Coronaviridae que pertenece al orden de los Nidovirales, dentro del Grupo IV.

El Covid-19 se trata de un virus tipo ARN monocatenario positivo con una gran capacidad de mutación y reproducción que debido al largo periodo de incubación asintomático se ha extendido por todo el planeta en poco tiempo grandes pérdidas humanas y económicas.

Dentro las sustancias utilizadas para la desinfección del coronavirus destaca el tratamiento con ozono que es 10 veces más potente que la lejía u otros biocidas de uso común necesitando menos tiempo de contacto y concentración y cuyos residuos son inocuos para las personas.

Concentraciones de ozono entre 0,1-0,2 mg/L desinfectan frente a patógenos (virus, bacterias, hongos y levaduras) llegando al 99% en el caso de rotavirus y poliovirus, pertenecientes al mismo grupo IV que el  coronavirus Covid-19, durante una exposición de 6 minutos (Harakeh/Butler 1985).

La Unión Europea ya ha incluido el ozono dentro del Reglamento 528/2012, sobre producto biocidas y su uso, como una sustancia biocida para distintos usos como la desinfección de superficies que entren en contacto con alimentos.

El ozono ofrece ciertas ventajas frente a otros biocidas:

  • Se usa en forma de gas lo que permite que llegue a cualquier lugar de difícil acceso o material a los que otros biocidas líquidos no llegarían.
  • Al no poderse envasar se deben emplear generadores de ozono que permiten crear ambientes controlados que inactiven los virus en concentraciones que no dañan a las personas (0,05 ppm), creando espacios de convivencia seguros.
  • Sus residuos son inocuos para las personas y no contaminan ya que 20-60 minutos tras el tratamiento el ozono se degrada produciendo oxígeno.
  • Además de actuar frente al coronavirus elimina olores y alérgenos.